Bienvenido a mi mente forastero!

Mis Blurbs hoy sintieron ganas de hacerse conocer asi que cree este blog para que encontraran nuevos amigos. Sus pensamientos y su gran imaginación se ven a través de lo escrito y me invitan a este pequeño mundo del cual soy un visitante de paso, al igual que ustedes.

jueves, 11 de febrero de 2010

Sobremesa

Hola, mi nombre es Isidora. Tengo 9 años y hoy día comencé la pubertad. Mi papá dice que no es tan grave, que ni cuenta me voy a dar.

Lo mismo dijo cuando mamá se fue de la casa. Ahora solo somos los dos. Bueno los tres si contamos a Godzilla.
Godzilla llegó para reemplazar a mamá. Supongo que por eso duerme todas las noches con él, acurrucada en la almohada de al lado.

Y por más que lo intente, yo no recuerdo a mamá. A veces me parece escuchar su voz a lo lejos, pero luego caigo en cuenta de que en realidad se trata de la radionovela matutina anunciandose con un redoble de tambores.
Siempre son las radionovelas que tanto le gustaban. Las que amaba y no perdía y las que yo odiaba. Las odiaba porque me reemplazaban. Les tenía celos. Celos de que ellas se llevaran toda la atención.

Y lo irónico de todo esto es que lo único que recuerdo de ella es lo que más odiaba acerca de mamá; sus radionovelas.

Yo crecí de ilusiones. Papá cada día hablaba menos y su ausencia se convirtió en mi confidente. Amigos invisibles los tuve por montones. Siempre invisibles, nunca imaginarios porque de pensar que solo estaban en mi imaginación me devolvería a la realidad.

La señora Cecilia del piso de abajo toca el piano y de vez en cuando nos da uno de sus famosos pies de manzana. Yo creo que secretamente está enamorada de papá. La señora Cecilia vive empezinada en encontrar entre sus escasos alumnos al próximo Schubert. Nunca se casó, pero de vez en cuando por las noches cuando no puedo dormir veo a uno que otro marinero entrar a su departamento sigilosamente.

Nuestro edificio está lleno de viejos solitarios. Lleno de personas fracasadas en el amor. Lleno de música de burdel y olor a colonia barata. De noctambulos y deambulantes en busqueda de una cama para calentar. De jugadores de lotería convencidos con que el gobierno complota contra ellos.

Yo no pedí ser adolescente. Si es que soy eso. Papá dice que no hay cosa más bonita que enamorarse, que una vez que sucede el mundo cambia de color y las personas se vuelven buenas.

Yo no quiero enamorarme porque no quiero terminar como papá. Los niños no me gustan para nada. Al menos eso creo. A veces me parece sentir algo en la boca del estomago cuando Gabriel me saluda. Él es mi mejor amigo.

A Gabriel y a mí nos gusta jugar a los hermanos perdidos en la jungla amazónica. Debemos construir un refugio contra las lluvias torrenciales y siempre contamos con una espada enfundado por si tenemos que defendernos del ataca de un jaguar.
Pero ultimamente Gabriel ya no quiere jugar. Dice que debe ayudar en la tienda, que su papá no está bien. Así que de vez en cuando paso a visitarlo a la panadería de su padre. Pero ya no sabemos que decir.

Por eso es que no quiero crecer. Volverme como la Sra. Cecilia o como mi padre, ambos ciegos por buscar tanto un amor imposible.

Yo no se que es el amor, ni tampoco sé si es que lo encontraré. En la tele se habla mucho de eso y las parejas suelen besarse mucho. Yo nunca he besado a un niño.

Yo no sé que es el amor, ni se que es amar. Supongo que es cuando quieres a alguien mucho mucho mucho, tanto que estás dispuesto a compartir tus gomitas de oso con él.

Sí, eso debe ser el amor.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Cuentos del lago 2


Lucy tiene una forma muy particular de decir las cosas. Así como asegura que los gatos tienen siete vidas y que las van perdiendo, te cuenta con inimaginable naturalidad como su hermano mayor le pegó a su hermana menor por haberse metido con un hombre casado.


Así no más, sin preambulos ni rodeos.


Sin embargo hay algo de ella que te hace creer nuevamente en lo bueno del mundo. O tal vez, en mi caso, me hace creer en las alusiones a su mundo, uno lleno de leyendas y de conjuros. Uno al cual solo puedo acceder a través de su memoria, a través de su inocencia.


A mí me gusta creer que aún conservo la niña interior así que siempre que tengo esa ventana de oportunidades abierta, me lanzo, sin mirar, ojos cerrados, al lago que según ella huele a casa. Asi que me animo a que me cuente un poco más acerca de su pueblo.


"Allá donde yo vivo, una persona en deuda que muere tiene que regresar para pagarla" me dice mientras limpia el piso de la cocina.


Yo, niña de capital, que los cuentos de terror nunca me convencieron y siempre andaba descubriendo al asesino antes de tiempo, la miraba desconfiada pero sin poder ocultar mi fascinación.


"Es que a veces no regresan como eran antes pues, sino que toman formas de animales".


Ahora sí, esto es lo que me gusta escuchar, nada de almas en pena encadenadas y adoloridas. Sino más bien el yin y el yang del universo, la existencia cíclica. Todos elementos que forman parte de la filosofía "new age" que el consumerismo, aunque tratemos de negarlo, nos hace querer. Y es que el budismo está de moda pues.


Lucy no sabe que es el budismo, pero antes de poder explicarle sus origenes me mira y continua:


" En el pueblo había un señor, el Eusebio, que todos sabían que le sacaba la vuelta a su esposa. Además de eso, le pegaba. Un día así que yo salí a cosechar, me dice Eulalia que la Clemencia se había muerto. Algunos decían que él la había envenenado. Otros por ahí que les caí bien el Eusebio dijeron que ella se había matado solita".


"Y tú, ¿qué piensas?"


"Yo no se que creer. Lo que sí es cierto es que el día en que se murió la Clemencia, apareció un gato en la puerta de su casa. Ahí mismo yo supe que era ella. Que había venido a saldar las cuentas con su esposo".


"Lucy, vamos, ¿qué te hace creer que un gato en realidad era esta tal Clemencia?".


"Aaaah, porque no veía a nadie más que al Eusebio. A él no más lo seguía a donde fuera. Todo el día lo seguía de arriba a abajo, y no comía. Los otros animales le tenían miedo".


Se acerca un poco más para decir algo y yo entiendo que esto es señal de un secreto cuyo revelación es de alto costo.


"A nosotros, desde niños, nos enseñan a no ver a estos espíritus a los ojos, porque dicen que traen mala suerte. En realidad es porque ellos que están conectados con la mama pacha, te pueden llevar en la noche. Así que cuando pasaba la gata, nosotros mirabamos para otro lado."


Luego se ríe.


"A todas partes lo seguía al Eusebio".


Yo cada vez por más extraño que parezca le voy encontrando un gran sentido a la historia.


" ¿Y luego qué pasó? eventualmente se fue supongo" le pregunto ya perdida en mi propio mundo donde los gatos hablan y los hombres maullan.


"Pues no sé, yo me vine a Lima; pero cuando me voy a visitar me parece ver al gato siempre fuera de la casa del esposo. Ahora él está viejo, al igual que el gato, que en realidad era gata".


Le agradezco la comida y la historia y me voy a mi cuarto a meditar. Las ideas fluyen en mi cabeza, veo imágenes de felinos tristes, esos que juegan con las medejas de lana, y que te llegan a tu mail en la bandeja de no deseados.


Y eso me hizo pensar:¿Cuanto dura el amor? o más bien, ¿Cuando se termina? Y si es que ha de durar toda la vida, ¿se le sigue llamando amor?


Me quedó claro que el regreso de Clemencia fue en venganza al maltrato de su esposo. Pero ¿no pudo haber sido simplemente el miedo a estar sola?


Y si lo fue ¿no es eso algo al que todos le tememos?


Vivimos en un mundo cada vez más ajeno e impersonal y sin embargo de una extraña manera lo único que necesitamos para sobrevivir es el contacto humano, el sentirse deseado por otra persona.


En cuanto a mí, mi estadía en la tierra me ha enseñado que el ser humano por más que lo trate de evitar, hiere. Hiere en la busqueda de una respuesta. En busqueda de una reacción, de algo determinado por ellos mismos como perfecto. Y a su paso, va desperdiciando las oportunidades de encontrar ese "verdadero amor" del que tanto se jactan algunos.


¿Y si uno simplemente deja de buscar? Supongo que la escencia de lo que somos se iría extinguiendo. Después de todo alguna vez fuimos cazadores.


Y tal vez yo siento que mi busqueda aún no ha comenzado. Para ser sincera, la habitud de hacer todo por mi cuenta a comenzado a pasarme factura. Estoy próxima a cumplir 21 y ya me acostumbre a estar sola. Voy al cine sola, voy de compras sola, y ultimamente hablo sola. Pero extrañamente no me siento sola. O quizás no sé lo que es ese sentimiento.


Qué se va a hacer. Los viejos hábitos son los últimos en morir. pero en busqueda de un cambio mañana adoptaré a un gato. Quizás le ponga Clemencia.


I.

domingo, 3 de enero de 2010

La seño


Me gusta conocer a nuevas personas. Sobre todo a aquellas con las cuales guardo muy poco en común. Me gusta tratar de descifrarlos, de ver el mundo a través de sus ojos. Quizás no lo logre todo el tiempo pero los intentos son lo divertido.

"A mí de chica, mi mamá nos abandonó, asi no más señorita, se fue"
Me lo dice mientras que lava la ropa de los huespedes del hospedaje en el cual pasaré los próximos cinco días. Son las diez de la noche y los dioses cusqueños nos castigan con una garua helada. Sin embargo ella sigue lavando.

"Así con guantes si lavo, no hay problema".

Cada vez que la veo, me cuenta algo más sobre su vida, y a mí se me hace cada vez más dificil poder identificarme con ella. En realidad sería identificarme con la mayoría de los peruanos pobres.

" A mí también me abandonó mi esposo. Me dejó con mis dos hijos y se fue con otra pues. Ahora tiene cuatro hijos".

Me es inevitable soltar una sonrisa irónica. Le digo que mejor, que los hombres no valen la pena, que no sirven para nada. Ella se ríe y me muestra una sonrisa vacía, sin dientes, pero sincera.

"Si pues señorita, por eso yo nunca más me meti con hombres".

Y cada vez que regresabamos del hospedaje, allí estaba ella. Esperando. Trantando de tener alguna suerte de comunicación con otro mundo. Un mundo que ella no conoce y que probablemente nunca conocerá.

"Yó no se tomar. Nunca he tomado. Unos señoritas se ponen graciosas cuando toman y luego se ponen a llorar. Yó ya estoy vieja para eso".

Nos dice la velada de año nuevo, cuando hemos llenado la mesa de la cocina con vasos de champán, vodka, pisco y esperanzas por un mejor año nuevo. Le ofrecemos jugo ya que se tendrá que quedar a dormir toda la noche en el hospedaje.

"Es qué también trabajo en el bar (que Nico, uno de los dueños del hospedaje, tiene a unos pasos). Lavó asi las cosas".

La seño esa noche no sabrá lo que es un Año Nuevo. Tal vez vaya a la plaza a ver a la gente correr, llorar y gritar como ella nos describe los acontecimientos. Sin embargo esto lo dice mientras se queda dormida en una silla acurrucada como la gata de la casa, Catalina.

"Esta niña es una fresca. Todo el día esta cantando y bailando. Quiere ir a la escuela de folklore, pero es muy cara señorita. 200 soles cuesta. Antes costaba 50, pero lo han subido. Muy caro señorita".

Se refiere a Maria Esther. Su hija pequeña. Una niña que prueba ser lo contrario a su madre. Vivaz, alegre, sin el peso de un pasado cruel encima.

Mientras jugamos una partida de "ocho locos" le preguntó a Maria Esther que quiere ser cuando sea grande.

"Guía turistica. Los voy a llevar a todas partes del Cusco".

Adiós a los sueños presidenciales. Estos niños ya no sueñan. Son realistas. Me sonríe mientras que me pide que ponga reggeaton en el ipod. Eso me fastidia un poco pero cedo a su petición.

Al día siguiente por la noche nos encontramos con la seño afuera del bar. Está esperando a su hijo mayor.

"Ha empezado a trabajar hoy día. Ya tendremos que ver si es que le pagan. No se cuanto señorita, ya tendremos que ver".

Llegamos de una paseo en cuatrimoto en el cual casi pierdo la vida, no solo por la caida que sufrí sino por la vista maravillosa. Producto de la lluvia del día, nuestras zapatillas se han transformados en pequeños montes de barro y le pedimos a la seño que las lave. Le damos 30 soles, poca paga para gran trabajo.

Al ver los billetes se le ilumina la cara.

"Gracias señoritas. Esta plata va a ser mia, así me compro una chompa nueva" mientras tanto nos enseña los agujeros de su chompa antigua.

Movidas por el remordimiento de los regalos y gastos navideños le ofrecemos un poco más para que le alcance para una buena chompa.

"No señorita. Acá en el mercado yo tengo mis caseras. Ahí le regateo para una chompa. Me va a alcanzar".

Es momento de partir y me es inevitable abrazarla y desearle un año nuevo lleno de éxitos y de felicidad.

"Gracias señorita. Usted es muy dulce. Escribanme para contarme como están. Van a volver?"

Le aseguramos que sí (y luego nos enteramos que el hospedaje va a cerrar). Espero que ella encuentre trabajo o que Nico se la lleve al nuevo hospedaje.

Ahora no se donde escribirle ni se si es que sabe leer. Supongo que sí. Trataré de mandarle una fotografía de las cinco. Y aunque nunca supe su nombre sentí un gran cariño. Un factor más que me ataba a esa ciudad con alma antigua.

Así que si ven a una señora con gorra, una chompa vieja, un mandil negro y unos guantes de goma largos, salúndenla por mí.

I.

Nuevo Comienzo

Luces. Luces de muchos colores. Me persiguen. A veces me molestan. La ciudad de las luces y piedras.
Gente. Gente en todas partes. Las veo en la plaza, en las calles, acompañados, buscando algo. Todos buscan algo acá. Algo escondido, algo que nadie conosca o al menos demuestre ser nuevo para ellos.
Es Año Nuevo y esto sola. Otro año nuevo. Y la verdad es que no se si es que el año pasado fue bueno. Tampoco sé si es que ansio este.
Tal vez mi emoción por los años nuevos se vió esfumada en alguna ocasión en la cual llo´re junto con una amiga cuyas padres se habían divorciado en Navidad.
Tal vez, y muy probable, sea el hecho de que estoy resfriada y eso quiere decir que mis sentidos no se encuentran disponibles por el momento.
Pero quizás el factor determinante de mi repentina falta de expectativa "añonueverina" sea el hecho de que al escapar de Lima y sus habitantes llegue al lugar en donde no solo se encuentran "todos" los limeños, sino todos los limeños que odio.
Esos que tge miran de reojo y finalmente se hacen los de la vista gorda al pasar por tu lado. Esos de los cuales necesitas un descanso.
Un descanso de las sonrisas falsas, los vestiditos, los shorts, las panties y los tacones.
Y sin embargo eso me hace pensar, ante tal adversidad algo bueno tiene que salir.
Yo me apego a la vista desde la terraza de mi hospedaje. Una vista sincera, libre de presuntos problemas. Bañada por la lluvia todos los días. Renovada. Libre de sonrisas falsas y de empujones enlas discotecas.
La ciudad me atrae de una extraña manera. Volveré: de eso estoy segura. Pero nunca más por Año Nuevo.
Resolución: Aprender a sonreir de una manera sincera.
Feliz Año para mí y para mis blurbs.
I.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

El desfile de las vacas



Queridos compatriotas, triste es ver cuando una obra de arte es vandalizada. Triste es ver que una obra de arte haya sido rota (en este caso en el Malecón de Miraflores, justo donde hacen parapente). Triste es ver cómo la gente salta sobre las cuerdas de seguridad para tomarse fotos con las obras de arte. Triste es ver que hayan tenido que poner cuerdas alrededor de las obras de arte para evitar el vandalismo. Triste es ver que todo esto se me hace tan conocido.

¿Cuándo aprenderemos?

Trata bien a las vacas pues chochera. Qué todos podamos disfrutarlas.

"Soy una obra de arte, cuídame".


I.

Cuentos del Lago

Me gustan los mitos. Me gustan como dejan moralejas, que solo el oyente atento las entiende. Me hacen recordar a los fines de semana acampando. A la fogatas y la luz de la luna. Me gustan las criaturas maravillosas y los monstruos marinos. Y tal vez crea en ellas. ¿Por qué no?


Lucy trabaja con nosotros desde hace muchos años, y aunque supongo que tengo que considerarla parte de mi familia, casi no se nada acerca de ella. Excepto algunas cosas: Como muchas familias de la sierra ella es una de diez hijos, aunque en realidad ahora sean nueve ya que una de sus hermanas se suicidó.

Y así te lo cuenta ella. Un día simplemente decidió suicidarse.

También se que vivió la mayor parte de su vida en un pequeño pueblo en la provincia de Huancané, cerca del Lago Titicaca.

A mi papá siempre le gustó ayudarla y la adoptó como su hija. Le pagó los estudios en el colegio y luego en un instituto en el cuál se graduó con el título de técnica en enfermería.

Lucy postuló a la Marina para un puesto como enfermera y entre los tantos exámenes, tanto físicos como de rendimiento académico, uno de ellos era la natación.

Y me extraño que tuviera que ir en sus días libres a una piscina municipal para practicar, puesto que ella no sabía nadar. Extraño para alguien que ha vivido la mayor parte de su vida al costado de un lago.

La verdad es que me parecía imposible. Para mí era como vivir al costado de una bodega y manejar 10 minutos para comprar unos chicles. O algún símil por el estilo. Nunca fui buena con ellos.

Lucy me cuenta que pasó su examen de natación, aunque se tiró a la piscina después que el resto. Yo la felicito y pienso que esta es mi oportunidad. Mi oportunidad para adentrarme en el mundo de leyendas. En las criaturas míticas, en las venganzas de los amantes.

¿Tú no nadabas en el lago? Le pregunto, tal vez sin ganas al comienzo, tal vez queriendo quedar bien con ella.

-No, una vez casi me ahogo y ya no quise. Además hay encantamientos en el lago.

¿Encantamientos? Y esa pregunta me llevará a conocer una cultura, bueno, desconocida.

Lucy me cuenta acerca de los encantamientos en el lago, acerca de como a cierta hora en el lago aparecen criaturas de muchos colores. Y es que a ella también se le aparecieron. Me dice que mientras remaba en el lago, se apareció un sapo de color fosforescente. Luego fueron dos, luego tres y así a su alrededor la rodeaban sapos de todos los colores. Ella recordó que no debía mirar al agua y continuar su camino.

¿Pero no crees que muchas de estas historias se las cuentan a los niños para que se porten bien y no hagan cosas peligrosas? Le pregunto yo, niña de la capital. La que ha escuchado historias de duendes pero no cree en ellos. La que sabe algo de sociología y como funcionan estos cuentos.

-No, porque pasan en verdad. Yo lo he visto.

Y le empiezo a creer.

Me cuenta muchas historias, pero entre ellas hay dos que me llaman la atención, quizás porque de una extraña manera me sentí identificada con ellas.

Un grupo de músicos debía viajar a un pueblo cercano para tocar en una boda. El viaje era de un par de días de caminar al lado de la pista esperando a un buen samaritano que estuviera dispuesto a darles un aventón. Según Lucy en la noche es donde salen todos los encantamientos y eso fue exactamente lo que pasó con este grupo de músicos. Uno de ellos, digamos que el que tocaba el harpa, ya que es el instrumento más pesado, se quedó atrás. Mientras retomaba el camino, pudo ver a sus colegas mientras que entraban por unas puertas en donde se oía la voz de mucha gente.

Supuse que en este momento el musico se sintió desconcertado, no solo había una puerta extraña, sino que sus amigos lo estaban abandonando. Corrió lo más veloz que pudo, sin embargo la puerta se cerró. Al día siguiente, un caminante lo encontró tocando una gran piedra en desesperación y pidiendo que le abrieran.

La historia dice que los caminantes que pasan por este lugar aún pueden escuchar música proveniente de una lejana piedra.

Y eso me hizo pensar. ¿En qué momento nos volvimos tan dependientes de las personas?

Ese pobre músico se salvó de ser llevado al debajo de la tierra (como luego me explico Lucy) y sin embargo, estuvo tocando la puerta toda la noche para que lo dejaran entrar. Es que estamos tan solos que preferimos morir juntos que quedarnos sin colegas músicos.

Y es que tal vez valoramos demasiado las amistades. No es que no crea en ellas, sino que simplemente hay algunas de las cuales me arrepiento.

Yo creo que en el momento en el que uno se da cuenta de que se pasa el día llamando a una amiga para hacer algo, sin considerar el hecho de que ella es una persona normal y tiene otros amigos (tal vez no como yo) es que comienzas a reconsiderar las amistades.

No es que sea mi caso. Yo aprecio mi soledad. Es más la valoro más que el resto. Y es que siempre me pareció extraño como una mujer no puede ir sola al baño.

A mi me gustan las caminatas solitarias. Las leídas de libros al aire libre. Las películas sin distracciones. La música sin críticas.

Y tal vez sea como el harpista solitario. Es muy probable que me moleste de que mis amigos se hayan ido a algún sitio y me hayan dejado. Pero considerándolo bien, nunca me gustó jugar a "Simón dice".

Ah, por si se preguntaban acerca de la otra historia, ese será otro cuento que contar. Ultimamente se me agotan las ideas.

I.


lunes, 23 de noviembre de 2009

Il Postino


Me gustan las fotografías antiguas. Lo melancólico del blanco y negro. Los vestidos floreados, los aires barrocos, las alusiones a Audrey Hepburn, las miradas al vacío. Los momentos y sentimientos congelados.

Mi nonna tiene muchas fotografías. Están sueltas y desordenadas porque según ella cuando eramos niñas, mis hermanas y yo solíamos jugar con ellas. Así que he decidido ayudar a ordenarlas y así de paso aventurarme en una suma de interrogantes que doy por hecho que mi abuela sabrá
responder.

Veo una foto de mi papá, a quien todos dicen que me parezco. La veo desde distintos ángulos, tratando de encontrar el parecido. Tal vez, si cierro los ojos un poco.

Mi abuela me encuentra y con un movimiento ágil, el cual me sorprende ya que últimamente anda mal de la cadera, lográ capturar la fotografía de entre mis manos. Yo me contento porque sé que me contará alguna anecdota "de los buenos tiempos".

Ve atentamente a mi padre en al fotografía y pienso que trata recordar el día. Trata de recordar la juventud marchita de mi padre y con eso, la suya. Me mira con ojos cómplices y me cuenta que mi papá de joven era muy guapo.

Yo no sé si quiero seguir escuchando esto. Mi papá es mi papá, nunca fue joven, ni guapo. Fue simplemente y siempre será para mí mi papá.

Sin acertar mi mirada, mi nonna me comienza a contar acerca de una enamorada que tuvo mi padre a mi edad. Me dice que no recuerda el nombre, aunque no le creo, pero sí un acontecimiento muy particular:

-"Lei era matta"
Me dice con ojos saltones (y yo pienso que mi abuela también esta un poco loca).

Y así empieza su historia. Según ella, un día cualquiera (como le gusta referirse a los días), la madre de la chica de quien no recuerda el nombre, y yo no insisto, llamó a la casa. Necesitaba hablar con mi abuela. Ella accedió y fue a visitarla.

Me cuenta que era una casa bonita en San Isidro y que tal vez siga existiendo. Al llegar a esta casa la llevaron a un cuarto donde yacía morena y de pelo largo despeinado la chica de quién nombre nunca supe.

La chica no habló. Sin embargo apenas vió a mi abuela, tomó lapiz y papel y escribió con letra menuda y desprolija:

"Hace ocho años que no voy al baño"

Este mensaje y el hecho que luego de unos minutos descubrió que el tío de la morena se había suicidado, fueron motivo suficiente para prohibir a mi padre de seguir viéndola.

Es más, fueron incontables las veces que mi nonna persiguió a mi papá en su carro para asegurarse de que no se acercara a la casa de la morena. De ser así, saldría corriendo del carro a gritarle. (y eso me hizo acordar cuando mi papá, en sus mejores piyamas, entraba a las fiestas en mi busqueda).

¿Mencioné que mi abuela esta un poco loca?

Mientras me cuenta sus reacciones y otro detalles de esta hasta entonces desconocida crónica, a mi se me hace imposible imaginar a mi papá con otra mujer que no sea mi madre.

Así que decido indagar más fotografías. Adentrarme en el pasado. Ser un exploradora, encontrar el tesoro prohibido, el momento en el que a mi papá se le empezó a caer el pelo. Y rió por dentro.

Y lo encuentro. Ese tesoro. O al menos creo hacerlo.

Es una fotografía de mi nonno llevándose un vaso a la boca en un lugar extranjero.

"Una foto común" pensé.

Hasta que le doy vuelta y vi que había una leyenda, una nota escrita a mano, en letra cursiva, esa letra que reconozco perfectamente en las navidades cuando recibo un sobre con dinero.

Y aunque la memoria me falla a pesar de mi corta edad, recuerdo muy bien lo que decía:

"Mi Querida. No te asustes. Desde tu partida no me he perdido ni en la bebida ni en el cigarrillo ni en el juego. Lo que tomo en la fotografía es una simple naranjada. Te tengo en mis pensamientos siempre y espero que mi llegada al Perú siga siendo de tu agrado.

Besos y abrazos. Carlo."

"Conociste al nonno en un cine no?" pregunto con aire de adolescente enamorada.

Y mi nonna comprende. Me ha contado la historia infinitas veces, pero yo quiero escucharla de nuevo.

Me relata que en una función a la cual había atendido con una amiga, unos chicos que se sentaron detrás de ellas comenzaron a molestarlas.

"Yo volteé para decirle que dejara de ser tan pesado, y así paso pues" Me dice subiendo los hombros como sorprendiéndose al recordar el pasado.

Y aunque no quiera ser romántica, el pensamiento no deja de acosar mi mente. Solo bastó una mirada para enamorarse.

Solo bastó una mirada para que él dejara su vida en un país lejano y viniera al Perú en su busqueda.

Solo basto una mirada para que extrañamente yo estuviera aquí, escribiendo estas líneas.

Mi abuelo llega y yo escondo la fotografía. No se porque lo hago. Supongo que no quiero avergonzarlo.

Luego voy a ver televisión con él. Hoy juega la "Juve".