Bienvenido a mi mente forastero!
lunes, 12 de octubre de 2009
Y yo la quiero
domingo, 11 de octubre de 2009
Ayunas
Escorias del escusado
La Cosa Nostra

-" ¿Me dás tu telefono?"
Me dice con un acento argentino, a pesar de que es italiano.
Lo he conocido en una reunión. En esas reuniones donde no esperas nada. En esas reuniones en las que ves a todas tus amigas que ( Oh sorpresa) tienen enamorado.
Pero todo pasa piola. ¿Por qué?
Porque has decidido que la soltería es lo mejor para tí, que no necesitas amarrarte a nada ni a nadie. Claro que luego de una ronda de tragos tu cosmovisión va cambiando.
Conozco amigas que nunca han estado solas. Literalmente. No pueden ni ir al baño solas. Pasaban de un enamorado a otro como cambiarse de ropa.
¿Qué facil no?
Ahora claro no pondré en cuestión la capacidad intelectual de cada sujeto. Eso sería un tema de monografía.
Yo, muchas veces (en realidad todas las veces) ni me molestaba en conversar con ellos. Yo bien culta e intelectual como me creía (si es que aún no sigue siendo asi) no me juntaba con esa clase d gente. Claro que a la hora de la verdad, ellas tenía pareja para las fiestas, mientras que yo me sentaba a esperar que algún soltero se apiade de mí.
Lo que me hace regresar al italiano y la reunión (que es sorpresa). Me entretengo trantando de pulir el poco italiano que se, herencia de mis abuelos. Supongo que él está siendo buena gente (en un comienzo). No me corrige y sigue con el juego.
Luego me dí cuenta que la conversación no era su fuerte.
Y bueno, ustedes son bastante imaginativos y pueden recrear el resto ¿no?
Ah! Me olvidaba. La pedida del teléfono. Me lo pidió con un tono sincero. Yo no le creí.
¿Para qué pedirme mi número?
Con las justas sabía mi nombre (el cual pronunciaba mal) y su estadía era temporal. Entonces, ¿Para qué tomarse la molestia?
Pensé decirle: "Dejemoslo así. Como algo de una noche. ALgo divertido. Una anecdota para contar con los amigos. Algo libre de sentimientos
Desafortunadamente soy débil y cai ante su sonrisa.
Después pense: ¿Cuántos números habrá pedido en su vida? ¿Cuáles son las verdaderas intenciones? ¿Qué es esa acción en realidad? ¿Un trofeo de conquista? ¿Un trato cancelado? ¿Un plan B por si el plan A sale mal?
Decidí concluir que es una acto de puro machismo (en el cuál yo soy parte culpable). Un acto de egoísmo. Y es que mientras él se va triunfante, yo espero su llamada.
Una llamada que sé que no va a llegar.
Y es que la pura verdad nos muestra que nos engañamos. Que nos gusta engañarnos Pensar que llamará. Que nos reuniremos y descubriremos todas las cosas que tenemos en común. Él se mudará a Perú o yo iré al país con forma de bota. Me presentará a su familia. Y yo a la mía.
Y asi sí. Asi es bonito. Así le gusta a todo el mundo. El cuento de hadas moderno. La historia para contar a los nietos.
Todo esto porque en el fondo buscamos lo mismo, queramos negarlo o no: BUSCAMOS ENAMORARNOS.
Y no. Aún no ha llamado. Pero yo espero al fin de semana.
Nadie nunca me dijo que soñar fuese algo malo.
I.
martes, 15 de septiembre de 2009
A otra cosa mariposa

No me gusta la hipocresía. Mentirle a alguien para caer bien. Hablar a las espaldas de quien fácilmente podría ser tu mejor amiga. Es algo que no soporto. Por eso te diré siempre las cosas a la cara. O haré el mejor intento.
¿Eres gay?
Me preguntó con ojos pre juiciosos.
Así como en las películas, donde la acción se transporta a cámara lenta. Toda la atención en mí. Incluso se logra percibir el cantar de los grillos. Un balde de agua fría cayó sobre mi, o tal vez fue la inusual lluvia de una noche limeña.
Oe, ya deja de jileartela pues.
No hay respuesta que atraviese mis cuerdas vocales y sea expulsada por mi boca. Me han noqueado en el primer round.
¿Por qué pensaría que soy homosexual?
Estoy arreglada (porque la variedad es buena). Vestido chiquito. Tacos muy altos. Demasiado
Mañana me dolerán los pies. Es en lo único que puedo pensar.
No se si me halaga que una mujer me encuentre atractiva. Nunca me había sucedido y la verdad es que tampoco había pensado en la posibilidad. La verdad es que suficiente tengo en pensar de qué forma atraer al sexo opuesto como para preocuparme por mi mismo sexo.
Sexo.
Eso es lo que necesito desde hace un buen tiempo. Y quizás eso fue lo que me llevó a conversar con ella a pesar de que nuestra amiga en común me había "advertido" de que a su amiga no le interesaba mucho conversar.
Y la verdad es que aquella mujer fue mi conejillo de indias.
De pronto entre mis cuatros vasos de trago y la urgencia por alivianar mi vejiga (incluso la dejé, es más, la obligué a entrar al baño conmigo) me di cuenta que me encontraba en pleno arte de seducción con una mujer, la cual no dejaba de rellenarme el vaso de algún alcohol que ya no recuerdo. Que ironía.
Me ofreció dejarme en mi casa. Fue en ese momento en el cual sentí algo que no había experimentado antes: Paranoia. Eso y bueno el hecho que estuve considerando largo rato el besarla.
Poco me duró la sensación ya que su cara se transformó en la de mi madre, decepcionada, gritando a los cielos porque Dios la había castigado de esa manera.
Solo mi madre es capaz de mencionar a Dios cada vez que puede. Sea necesario o no.
Cuando logré olvidar a mi mamá y eliminarla del encuadre, entré en razón de mi ubicación. Estaba en un evento de la "alta sociedad". Con las lenguas más sucias del país (y eso es en todos los sentidos).
Hacer algo de lo que me podría arrepentir no era bueno allí, sobre todo si es que quería continuar una vida sin miradas discriminadoras y comentarios a mis espaldas.
Pero el trago puede más que el autocontrol. Quise besarla nuevamente. Y no en el sentido bonito. Sino en el carnal.
¿He dicho que me falta sexo? Y lo sé, suelo repetirlo muchas veces.
Por si se preguntan, no lo hice. No la besé. Tal vez haya sido porque me la imaginé con barba y con pene o quizás el simple hecho de que quiera o no, me gustan los hombres.
Ahora nuestra amiga en común quiere emparejarnos. Que vayamos todos a Barranco. Yo solo quiero hacer la del avestruz y meter mi cabeza en un gran hoyo.
Si algo aprendí esa noche es que solo pateo con un pie. Y si, el pisco te deja un gran dolor de cabeza al día siguiente.
lunes, 31 de agosto de 2009
Luego de la tormenta...
Recuerda: No hay vidas mal vividas, solo malos espectadores.
Saludos a la abuela,
Isidora
Sala de tortura

"¿Hay pacientes?"
"Alessandrita!, mmm....sí, tres" mientras pone cara de perro arrepentido o más bien de condolencia porque esta vez me va a tocar esperar por lo menos media hora. Asi me las paso los martes y viernes en el nutricionista.
Ubicado en una zona exclusiva de San Isidro mi plata, o más bien la de mi padre, se ve esfumada cada semana cuando le pregunto si es que tiene dinero para pagar el doctor. (En la gran espera de que abra su billetera y encontrar un par de billetes y no la simbólica polilla que sale volando en señal de pobreza).
Vengo al doctor desde que tenía 10 años y siempre me impresiona ver como el tiempo se congela en este lugar. Los mismos sillones, de cuerina, marrones, grandes que hacían que mis pies colgarán en el aire al sentarme en ellos. El mismo televisor empotrado contra la pared, malogrado como siempre o mostrando la gran novela matutina de algun canal nacional. La misma secretaria, Yesenia. Ella me ha visto crecer y sin embargo solo se su nombre.
Mi doctor Daniel es como mi psicologo. Presenciaba o más bien aguantaba las infinitas peleas con mi madre cuando no bajaba de peso y a ella le entraba una gran frutración (o más bien una gran ira al tirar varios dolares por el escusado).
"A ver quien te paga el doctor ahora"- Esa sería una típica respuesta suya.
Pero cuando el resultado era positivo, es decir, había logrado librarme de un par de kilitos Daniel y yo hablaríamos de todo, siempre y cuando mi madre no estuviera presente.
Cualquier persona que siga una dieta te dira que solo hay cuatro palabras que nadie quiere escuchar: "Has subido de peso". Esas cuatro palabras podrán hacer que hasta un hombre bien masculino se cague en sus pantalones. Y es que no solo escuchamos estas palabras de la secretaria del doctor (que de paso también toma tu peso) sino que vienen en un combo con la cara de desaprobación de la persona que te las dice y de tu parte, la cara de verguenza subita.
Y eso siempre me hace pensar: ¿Por qué nos torturamos de esta manera?
Muchas veces salimos del doctor con una menor autoestima que con la que llegamos y claro es lógico pensar en que la razón de tu subida de peso radica en la fiesta o fiestas que atendimos en el fin de semana en las cuales no solo tomamos cerveza (porque de alguna forma pensamos que es diuretica), sino que disfrutamos de tequeños, sanguchitos y dulces con el sincero pensamiento que acompaña todo sabado por la noche:
"Mañana solo como fruta"
El problema es que el domingo es el lonche de tu tía abuela y como no vas a comer torta, si es de chocolate, como te gusta, si la compraron especialmente para ti. Caballero, uno no puede rechazar los deseos de su tía abuela.
Así que ese medio kilo de más tiene una perfecta justificación o más bien razón. Sin embargo siempre terminamos mitiendole al doctor (como en confesión), jurádole solo haber comido un pedacito de torta y que no pueder ser que eso te haya engordado medio kilo. Claro que el ser mujer siempre sale al juego como un comodín, ya que Daniel "supone" de que estas hinchada y una responde que está con ansias porque pronto le vendrá la regla. Asunto resuelto.
Y que se va a hacer, ahora me toca a mi justificar mi subida de peso con el rabo entre las piernas. A lo hecho pecho. La próxima semana será otra historia.